El control en la empresa

En el planteamiento clásico de la administración de empresas, el control debe ser entendido como aquella función que pretende asegurar la consecución de los objetivos fijados en la fase de planificación.

Por ello, podemos deducir que es preciso planificar y presupuestar a priori para controlar a posteriori si se han alcanzado los objetivos previstos.

Después de planificar, los directivos deben organizar los medios disponibles y tratar de conseguir que las decisiones se ejecuten. Tras ello, han de efectuar la función de control y, para controlar, hay que:

  • Fijar unos estándares de resultados a obtener en un periodo determinado de tiempo.
  • Medir los resultados reales obtenidos.
  • Comparar los resultados obtenido con los esperados.
  • Determinar las razones de las desviaciones, si existen.
  • Finalmente, tomar las medidas correctoras necesarias para eliminar las desviaciones negativas.

No obstante, la primera exigencia de la función de control es que existan objetivos predeterminados por los responsables de la empresa y que aquellos, además, hayan sido comunicados a los empleados. En definitiva, es preciso que las personas sepan lo que se espera de ellas y de sus grupos.

Finalmente, para que el Control sea efectivo:

  1. Para que la información obtenida sea útil, ha de ser comparable con los estándares previamente establecidos.
  2. Hay que efectuar una evaluación y una correcta interpretación de los resultados obtenidos. La diferencia entre ambos estados (objetivos planteados y datos reales) constituye una primera valoración del grado de cumplimiento de los objetivos. Cuando las diferencias son positivas respecto a lo previsto, es razonable suponer que la gestión es satisfactoria. Si, por el contrario, son negativas, hay que preguntarse por las razones de las mismas.
  3. Es esencial que se hayan instrumentado las acciones correctoras. Estas deben ser un medio para reorientar la acción, cuando sea preciso.

Las razones de las desviaciones pueden ser de muy diversa índole, tales como dificultades de organización, ejecución de las decisiones de un modo distinto al previsto o, incluso, una mala planificación estratégica (objetivos inalcanzables o poco realistas).

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En resumen, no puede haber control sin objetivos, que estos sean medibles, interpretables y sin que se tengan previstas las medidas correctoras, ya que el control perdería todo su valor como instrumento de gestión.

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